¿Cómo actuar ante la emergencia climática? (I)

Enero. Reflexiones para pasar a la acción

@CalaixAmbiental >> ¡Feliz 2020! Ante un nuevo año tan redondo tal vez te hayas planteado algún propósito de trabajo personal. Yo lo he hecho y estoy tan entusiasmada con mi nueva meta que quiero compartirla. El objetivo es reducir mi huella personal de carbono a través de pequeños grandes cambios de hábitos. Por ello, dedicaré la actividad de este blog a recorrer dicho camino a lo largo de 12 meses, donde cada mes estará dedicado a un ámbito específico de reducción: energía doméstica, alimentación, movilidad, turismo…

Consciente que la mayoría de personas nos enfrentamos a una vida muy ajetreada, considero que lo más efectivo es plantear un plan de acción sencillo. Por ello, en cada mes se plantearán únicamente 1 o 2 retos. También prometo ser breve en los posts para que cada uno no te tome más de 5 minutos de lectura. Empecemos con los retos de enero. Comento de antemano que este mes aún no se propone ningún cambio de hábito concreto, sino que está orientado a la toma de consciencia.

Reto 1: Piensa en cómo te puede afectar el cambio climático (de forma directa e indirecta, y a medio y largo plazo). Considera cuales deberían ser tus motivaciones para actuar para mitigar tus impactos sobre el clima.

Como ya sabemos, el sistema socioeconómico actual, mediante el uso de combustibles fósiles, la deforestación, la ganadería intensiva, etc. ha disparado las emisiones de gases de efecto invernadero en poco más de un siglo, de tal forma que ahora está cambiando algo tan esencial para nuestra vida como es el clima. De hecho, la ciencia ha alertado reiteradamente que si la temperatura media mundial superara los 2ºC, el funcionamiento de los ecosistemas en los cuales vivimos quedaría alterado gravemente. En este sentido, hay que tener presente que seguir emitiendo al ritmo actual supondría aumentos para el año 2100 de entre 4 y 5 ºC sobre las medias de los niveles preindustriales (!).

Así surge una gran paradoja: para que no cambie (al menos demasiado) el clima, debemos cambiar nuestros hábitos. Esto puede sonar pesado para muchas personas, entre las que me incluyo, a las que no nos apasionan los cambios drásticos. Pero, a la vez, puede ser aplicado como factor de motivación, puesto que sin duda nos resultará más leve aplicar una serie de cambios paulatinamente, que despertarnos dentro de 10 o 15 años con olas de calor, sequías, incendios y tifones mucho más severos que los que hemos vivido hasta ahora, poniendo en jaque todo lo que hoy damos por supuesto (alimentos en los supermercados, agua doméstica, electricidad…).

Puede que una parte de ti quiera escuchar los relatos que te resultan más reconfortantes, ante las posturas inmovilistas plantéate estas reflexiones:

  • En respuesta al relato sobre que no es necesario preocuparse por unos efectos que aún pueden parecernos lejanos. Como cuenta Andreu Escrivà, autor del libro Encara no és tard: claus per entendre i aturar el canvi climàtic (2017) el origen de que no hagamos nada contra el cambio climático radica en nuestro cerebro, que aún no lo percibe como un riesgo. Algo similar sugiere el caso de la rana nadando en una olla de agua fría, propuesto por el escritor canadiense Marty Rubin (The Boiled Frog Syndrome, 1987). Dicha olla se va calentando, pero, como el cambio se produce de forma lenta y gradual, la rana no percibe que se dirige hacia su muerte, por lo que no hace nada para salvarse. En nuestro caso tenemos la suerte de que la ciencia nos advierte de que necesitamos un cambio de modelo. De hecho, ¡ni siquiera hace falta mirar a medio plazo!: el mismo año 2019 ha sido un año récord en megaincendios en todo el mundo: Brasil, Rusia, EUA, Indonesia… (como resumí en el post Balance ambiental de 2019) que aún siguen en Australia, con efectos devastadores  y una afectación que abarca todo este inmenso país.
  • Acerca del relato sobre que esto no es responsabilidad de la ciudadanía. Es cierto que a menudo se culpabiliza a las personas de a pie, cuando muchas veces sólo actuamos como meras receptoras del sistema socioeconómico. Pero, creo que es importante diferenciar la culpa de la responsabilidad. Además, ahora vale más la pena poner energía en buscar soluciones que culpables. Y sólo las encontraremos juntando esfuerzos cuantas más personas mejor. ¡Tomemos las riendas! Es hora de rechazar los hábitos y modelos que destruyen la vida.
  • Acerca del relato de que el desastre es inevitable. Sí, el clima ya está cambiando. Incluso cumpliendo con los objetivos del Acuerdo de París será difícil mantener la temperatura media de la Tierra dentro de subidas de entre 1,5 y 2ºC. Es difícil, pero… ¡no imposible! Ahora, nuestras sociedades son como un coche dirigiéndose a gran velocidad contra un muro. Aunque ya no estemos a tiempo de evitar la colisión, ¿no es preferible empezar a frenar cuanto antes, para chocar a unos pocos km/h en vez de ir a toda pastilla?

Dicho esto, como posibles motivaciones para actuar se me ocurren al menos 4 sobre las que meditar:

1.    Por cuestión de amor propio. Si te quieres a ti misma/o, ¿crees que a medio y largo plazo tienes derecho a vivir con un clima y unos ecosistemas sanos?

2.    Por proteger a tus seres allegados. ¿Cómo crees que les afecta o les afectará, sea directa o indirectamente el cambio climático?

3.    Por justicia climática. ¿Es justo que las personas que menos gases han emitido, ya sea por su nivel de consumo o por su corta edad, vayan a ser las más afectadas a costa de las que llevamos mayor nivel de consumo y más años emitiendo?

4.    Por la conexión con la Tierra y las otras especies. La biosfera se ha desarrollado a lo largo de millones de años con una inmensa variedad de especies, interrelacionadas para formar ecosistemas complejos, durables y regenerativos. ¿No sería maravilloso trabajar para fortalecer la diversidad de la vida y el respeto mutuo, en vez de generar sistemas autodestructivos?

Gener-frog4.jpg

Ilustración de Cleia Armengol Bermúdez

 

Reto 2: Calcula tu huella de Carbono.

Antes de empezar a actuar es esencial conocer cuál es la magnitud de tus impactos. A tal efecto, puedes estimar tu huella de Carbono; aquí propongo esta calculadora online.

Tomando el periodo de 1/01/2019 a 31/12/2019, cumplimenta una a una las pestañas (introduce los números sin poner el punto de los miles), dándole al botón de “Calcular” en cada una de ellas. Al final podrás ver a qué distancia estás del objetivo mundial para combatir el cambio climático, de 2 toneladas de CO anuales.

Algunos valores de referencia a tener en cuenta, y sobre los cuales hablaremos en más profundidad en los próximos retos, son:

  • Energía doméstica: tomando valores de consumo orientativos de 1.200 kWh de electricidad y 2.100 kWh de gas, se obtiene una huella de carbono personal de 0,73 t de CO. Para realizar tu cálculo, puedes utilizar tus facturas de energía doméstica y dividir los kWh consumidos en un año por los habitantes de la vivienda.
  • Vuelos: veamos algunos itinerarios (ida y vuelta) de distinta distancia con origen en Barcelona: a Berlín: 0,41 t de CO₂; a Estambul 0,62 t de CO₂; a Bogotá 2,36 t de CO₂; a Kuala Lumpur a 2,94 t de CO₂.
  • Transporte terrestre: ir al trabajo en coche los 250 días laborables anuales en un itinerario de 20 km ida + 20 de vuelta (10.000 km/año recorridos) supone unas emisiones por persona de unas 1,81 t de CO para un vehículo promedio de gasolina. La misma distancia genera unas 0,41 t de COen tren y 1,05 t de CO en bus.
  • Alimentación: tomando el gasto medio por persona en España del INE, que es de unos 1.700€ anuales, veamos la diferencia entre tipos de dietas: con consumo de carne elevado 1,88 t de CO; con consumo de carne medio 1,47 t de CO₂; con consumo de carne bajo 1,22 t de CO; con consumo de pescado 1,02 t de CO; (ovolácteo-)vegetariana 1,00 t de CO₂; y vegana 0,76 t de CO.

Cabe decir que estas calculadoras usan factores de estimación orientativos, en base a datos promedios, por lo que las cifras resultantes no se pueden tomar como números exactos. No obstante, sirve como punto de partida para calibrar cuan lejos estamos del objetivo de 2 t de CO anuales.

Otro aspecto a tener en cuenta es que nos estamos centrando sólo en uno de los diversos impactos ambientales que genera nuestro estilo de vida. Es decir, nos fijamos en las emisiones de CO₂, pero no estamos contabilizando nuestro consumo de agua, el de materiales, la contaminación de suelo y perdida de biodiversidad causada por los pesticidas, etc. La buena noticia es que, muchas veces, un estilo de vida respetuoso en cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero, suele repercutir en disminuir otros impactos. Un claro ejemplo lo tenemos al optar por el mercado de segunda mano, evitando así nuevos impactos de extracción de materiales, fabricación y gestión de residuos.

No es poco el contenido que te dejamos para reflexionar durante lo que queda de este primer mes del año. Si te abruma pensar en llevar un estilo de vida de bajas emisiones, recuerda cuales son tus motivaciones y piensa en positivo: todo hábito que puedas mejorar contribuye. Cada vez son mas los territorios que se declaran oficialmente en emergencia climática, esta misma semana Barcelona se ha sumado, con un paquete de 103 medidas. Tenemos la oportunidad de reconectar con el cuidado de la Tierra, que es nuestro único hogar posible: no hay planeta B. Está en nuestras manos actuar.

¿Te unes a esta aventura personal, con efectos planetarios?

Clara Montaner Augé. Ambientóloga – 15 de enero de 2020

>> Sigue con los retos de febrero
Imagen de portada: Romina Vargas (11 años, Chile), “Lamentable, pero cierto. He podido visitar parques y lugares bellos de mi región y Chile, pero si no los cuidamos, en unos años habrá un cambio radical y no podremos disfrutarlos como antes. Al pasear por mi región disfruto de la naturaleza, amo los animales. Mientras pintaba vida y vegetación era bonito, pintar la contaminación me dió pena.” Expuesta en la COP25 de Madrid-Chile.

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