Balance ambiental de 2019

Megaincendios, manifestaciones y una Cumbre climática con acuerdo de mínimos

@CalaixAmbiental >> Con la llegada del nuevo 2020 cerramos un año más con el correspondiente resumen de los hechos más destacados en materia de ecología y medio ambiente. Aunque han sido muchos los titulares con repercusión este 2019, sin duda la temática con más impacto ha sido la emergencia climática. De hecho, una simple frase de  la activista Greta Thunberg hace justicia a lo sucedido este año: “Nuestra casa está en llamas” (Our house is on fire, publicado el 28 de diciembre en su cuenta de Twitter bajo el hashtag #2019in5words).

El calentamiento de la Tierra pasa factura con varios megaincendios por todo el planeta

Si bien desde el inicio de este siglo ya hemos podido apreciar como año tras año se batían distintos récords de altas temperaturas, largos periodos de sequía, grandes tifones y huracanes, etc., 2019 desgraciadamente ostenta el título de año récord en incendios forestales.

En resumen, estos han sido los principales megaincendios a escala mundial:

  • Rusia, Siberia. Estos incendios sucedieron principalmente durante el mes de agosto, alcanzando un área arrasada de 16 millones de hectáreas. Cabe decir que estos ecosistemas de taiga representan un importante sumidero de carbono en el suelo, gran parte del cual se libera en los incendios.
  • Amazonia de Brasil, Bolivia y Perú. Durante el mes de agosto y septiembre ardió una superficie total de unos 5,88 millones de hectáreas de este “pulmón” del mundo y hogar de gran riqueza biológica.
  • Australia, Queensland y Nueva Gales del Sur. Entre noviembre y diciembre se han desatado fuegos en la que han ardido más de 3 millones de hectáreas, con varios incendios aún en activo (y los koalas al borde de la extinción). Esto se está produciendo en una situación de calor extremo, registrándose la semana pasada la mayor temperatura media diaria nacional de su historia, con 41,9ºC. Cuesta de imaginar lo que implica esta temperatura media en un país inmenso como Australia, pocos seres vivos pueden soportar esto.
  • Indonesia, principalmente en Sumatra y Borneo. Hasta mediados de septiembre, los incendios arrasaron más de 1,64 millones de hectáreas.
  • Estados Unidos, California. A finales de octubre se desataron fuegos que han calcinado más de 31.000 hectáreas.
  • También ha habido grandes incendios en otros muchos países como Canadá, Israel, Líbano o Congo.

Cabe señalar que estos eventos catastróficos responden a un bucle de retroalimentación, donde son a la vez consecuencia y causa de la propia crisis climática. Es decir, por un lado, los incendios a menudo son un resultado del calentamiento planetario, ya que el territorio se expone a mayores temperaturas y estrés hídrico por lo que es más vulnerable a la aparición de incendios. En el mismo sentido, el cambio climático agrava las condiciones de propagación del fuego dado que amplía los periodos de riesgo y el impacto de los eventos.

Por otro lado, se agrava la emergencia climática, puesto que la quema de grandes cantidades de biomasa contribuye enormemente a la liberación de CO₂ a la atmosfera (se calcula que los incendios forestales en el mundo generaron en 2019 un total de 6.375 millones de toneladas de CO₂, cantidad equivalente a 19 veces las emisiones anuales totales de España), a la vez, el ecosistema suele quedar degradado y deja de fijar carbono en su vegetación y suelo, por lo cual se causa un doble efecto en el desequilibrio del ciclo del carbono. Es por todo ello que estos fenómenos son tan preocupantes, junto con la devastación que supone para muchísimas especies que habitan los ecosistemas arrasados.

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Es sabido que los casos de Brasil e Indonesia la mayor parte de los fuegos han sido provocados para convertir la selva en monocutivos de soja, aceite de palma, etc. Resulta insólito que una especie que se autodenomina inteligente destruya en un mismo acto tanto el clima como la biosfera, dos sistemas interconectados y de enorme complejidad y riqueza. Si fuéramos inteligentes, ¿no deberíamos tratar de potenciar esta riqueza, en vez de sustituirla por un sistema simplista, de unas pocas especies y dependiente de pesticidas y fertilizantes como son la agricultura y la ganadería industriales? En este sentido es crucial el papel del consumo consciente (sobre lo cual escribí ampliamente en el post #ReSPeCT), para rechazar esta producción que arruina el planeta y optar por sistemas diversos y regenerativos.

La consolidación del activismo climático

Al mismo tiempo, esta ha sido un año señalado como un posible punto de inflexión en la historia contemporánea gracias a la efervescencia del activismo juvenil. Aunque tanto los movimientos de Fridays for Future, como Extintion Rebellion surgieron a finales de 2018, ha sido en 2019 cuando sus reivindicaciones y acciones han alcanzado más seguimiento y repercusión mediática.

Se trata de dos grupos activistas pacíficos, con la defensa del clima como reivindicación central. Sus orígenes son distintos, Fridays for Future, nació a raíz de los paros estudiantiles iniciados por la estudiante Greta Thunberg en Suecia, mientras que Extintion Rebellion surgió de un grupo activista en el Reino Unido. No obstante, comparten la mayor parte de su lucha: defienden en clima por la imposibilidad de gozar de calidad de vida humana en una Tierra “refrita” de calor y la incertidumbre de nuestra propia supervivencia; reclaman medidas urgentes, que sean aplicadas teniendo en cuenta la justicia social, sin perjudicar a las personas más desfavorecidas (que de hecho son las que menos han contribuido a esta crisis); y además incorporan una visión holística de defensa de todas las especies y los ecosistemas. Por ello, no se limitan únicamente a cuestiones climáticas, sino que también piden resolver otros problemas planetarios, como la contaminación por plásticos o los múltiples impactos de la agricultura y la ganadería industriales.

Durante todo el año, han sido recurrentes las manifestaciones para defender el clima a lo largo y ancho del planeta, con la convocatoria de las huelgas internacionales del 20 al 27 de septiembre como máximo exponente de este fenómeno, que congregó a más de 6 millones de personas en los cinco continentes. Aquí puedes consultar una estimación del seguimiento de la huelga por países. Las movilizaciones  han continuado también después de dicha huelga, con nuevos hitos como la protesta de Extintion Rebellion el 7 de octubre en Madrid, varias manifestaciones de seguimiento masivo el 29 de noviembre en Atenas, Berlín, Budapest…, la marcha del 6 de diciembre en Madrid y en Santiago de Chile, con motivo del inicio de la cumbre del clima, COP25.

En definitiva, es sin duda una buenísima noticia el aumento de la población preocupada por la emergencia climática, lo cual además ha puesto el clima en el punto de mira de los medios de comunicación, en los que hasta ahora sorprendía el poco peso que se daba a esta crisis de primer orden.

Se celebra la COP25 trasladada a Madrid con muy escasos resultados

Tal y como expuse en el anterior post sobre mi participación en la COP25, celebrada este mes de diciembre en Madrid, esta cumbre se ha caracterizado por sus múltiples paradojas. Una ciudad que dice ser verde, pero pretende dar carta blanca a los vehículos más contaminantes. Patrocinadores que se postulan como sostenibles, pero son en realidad las empresas más contaminantes de España. Mandatarios que siguen sumidos en el espejismo del crecimiento infinito frente a jóvenes que gritan cuál es el único futuro posible. Todo ello, bajo el paraguas de la gran contradicción que entrañan todas las cumbres del clima: la de reunir unos gobiernos que llevan décadas fijando objetivos a los cuales no les preceden medidas que puedan cumplirlos. Recordemos que desde la Cumbre de Río en 1992 hasta hoy hemos incrementado la concentración de CO₂ en la atmosfera de las 359 ppm a las 410 ppm (la mayor concentración desde hace entre 3 y 5 millones de años).

A pesar de los incendios vividos y la creciente preocupación ciudadana, sólo se ha alcanzado un documento de mínimos. Las Partes no han sido capaces resolver los vacíos sobre el Artículo 6 del Acuerdo de París para regular los mercados de emisiones y los mecanismos de desarrollo limpio, postergando esta cuestión para la Cumbre del Clima de Glasgow, en noviembre de 2020. Llegar a un consenso al respecto era el principal objetivo de la cumbre, sin embargo, no se alcanzó acuerdo al respecto por las diferencias sobre: cómo evitar la doble contabilidad de emisiones, la extensión de créditos de carbono procedentes del Protocolo de Kioto, o acerca de incluir la integridad ambiental y los derechos humanos. Tampoco se ha establecido la estrategia de financiación climática a largo plazo para conseguir aportaciones financieras constantes. Se trata de un tema crucial para las poblaciones más vulnerables, cuyas economías no pueden hacer frente ni a los impactos climáticos ni a una transición energética rápida.

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Varios países, como Brasil, EUA, Australia, Rusia, Turquía o China han entorpecido las negociaciones. De hecho, otra de las aspiraciones de la Cumbre pasaba por que los países presentaran planes de recortes de emisiones más duros, objetivo que algunos países querían retrasar hasta 2023. En cambio, otros, como Costa Rica, Colombia, Suiza o una parte substancial de la UE, se han posicionado como “facilitadores” de mejores acuerdos. Al final, si bien el documento resultante no exige directamente a los países que incrementen esos esfuerzos, un total de 84 países se han comprometido a presentar planes de acción más ambiciosos, estando entre ellos España, Reino Unido, Francia o Alemania. Además, 29 países firmaron los llamados Principios de San José, once principios base para asegurar una mayor ambición de las medidas de reducción de emisiones, que podrían marcar el camino para la COP26 de Glasgow.

Cabe decir que, incluso entre estos países más proactivos (exceptuando Costa Rica, quien gracias a su economía basada en las energías renovables y en la conservación de los ecosistemas va ya en la dirección correcta) la mayoría entrañan aún políticas bastante cuestionables. Ejemplo de ello es el caso de la UE que, a pesar de prever distintas medidas de transición energética, como el cierre de las centrales de carbón, mantiene la exención del impuesto del combustible en la aviación o una Política Agrícola Común (PAC) que sigue subvencionando las macrogranjas pese a su elevado coste ambiental, social y de sufrimiento animal.

Vale la pena destacar como punto positivo la aprobación del Plan de Acción de Género, que recomienda a los países a incluir una perspectiva de género en sus acciones climáticas y reconoce que es vital la participación y liderazgo de las mujeres a todos los niveles en los procesos de implementación de políticas climáticas. El documento incluye varias referencias a los derechos humanos y a la transición justa, aunque algunos grupos han criticado que estas menciones no son suficientes.

Con todo, hemos presenciado una situación en la cual, tanto la gravedad de la emergencia, como el fervor de la movilización ciudadana contrastan con las trabas de las grandes empresas que han hecho mella en obstaculizar las negociaciones y la indiferencia de muchos gobiernos, más preocupados por los beneficios de estos lobbies que por la salud de la ciudadanía y de los ecosistemas.

Ya no sirve hacernos trampas jugando con marketing, cifras maquilladas y dobles contajes. Ya no es creíble hablar de grandes túneles subterráneos donde almacenaremos artificialmente CO₂ (aunque ciertos países como Japón lo sigan planteando). La única solución posible es entender que la especie humana es sólo una especie más en los ecosistemas y que, por lo tanto, debemos mirar hacia la naturaleza –con su complejidad, procesos y ciclos– y aprender de todas las dinámicas de potenciación de la diversidad y de regeneración desarrolladas a lo largo de millones de años. Tal vez podamos aprender algo de ellas.

Clara Montaner Augé. Ambientóloga – 1 de enero de 2020

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