Asilvestradas

Ciudades que se vuelven más biodiversas y sanas gracias a la configuración ecológica del verde

@CalaixAmbiental >> Parterres de flores silvestres, diversidad de árboles en las calles, alcorques poblados de hierbas… Los ajardinados, los parques y el verde urbano están cambiando en muchos municipios de Cataluña. Se trata de una forma de proyectar y gestionar el verde fundamentada en atender a los ritmos y las dinámicas propias de los ecosistemas, mediante actuaciones para potenciar la biodiversidad, los procesos ecológicos y, como consecuencia, mejorar la calidad de vida de las personas.

Algunos de los muchos lugares donde se están aplicando estos planteamientos de verde urbano se encuentran en la región metropolitana. Es el caso de: el Parc de la Guineueta, los jardines del Mercat del Ninot o la Plaça de les Glòries, entre otros, en Barcelona; la Avenida Llobregat o el Parc del Canal de la Infanta en Cornellà de Llobregat (ciudad que ha sido galardonada con el premio European Green Leaf 2019 por sus prácticas de sostenibilidad); el Parc de Can Solei y de Ca l’Arnús en Badalona; el Parc de la Bastida en Santa Coloma de Gramenet; el Parc Nord en Sabadell; y un largo etcétera. De hecho, se trata de una manera de concebir el verde que se extiende por todas partes, con ejemplos en Madrid o Valencia, como también podemos encontrar casos con similitudes en puntos tan alejados del globo como Tokyo o Vancouver.

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Parc Nord de Sabadell. Los márgenes del parque sin segar permiten un incremento de la diversidad de herbáceas (Fuente propia).

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Hotel de insectos en el Parc de Can Solei i de Ca l’Arnús de Badalona rodeado de plantas con flores melíferas para potenciar la biodiversidad de insectos polinizadores (Fuente propia).

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Verde del complejo Roppongi Hills en Tokyo, con una destacable diversidad de especies y de estratos vegetales (Fuente propia).

Pero, vayamos por partes. ¿Qué cambios en concreto incorpora este nuevo modelo de verde? ¿Qué interés presenta favorecer la biodiversidad y la funcionalidad ecológica? Y como se beneficia la ciudadanía de todo esto?

El planteamiento ecológico del verde urbano: naturalizar espacios

Tradicionalmente, los espacios verdes urbanos y el arbolado viario se han configurado con unas pocas especies, fuertemente dependientes de un mantenimiento intensivo que aportaba desde agua a abonos y plaguicidas, pasando por unas podas dirigidas a modelar formalmente los vegetales. Se trataba de un planteamiento orientado a una función decorativa del verde, en el cual muchas veces se perseguía una percepción de postal, casi invariable a lo largo del tiempo. En estos espacios, la vegetación se ha compuesto a partir de elementos aislados, donde las plantas establecían pocas relaciones entre ellas y con otros grupos biológicos (fauna, hongos …). Y es que las opciones de establecerlas, así como la posibilidad de autorregular los ciclos biológicos quedaban bastante limitadas debido a su gestión intensiva, que invertía continuadamente materiales y energía en estos espacios.

En cambio, si nos fijamos en un ecosistema en el medio natural, en general, lo componen un número destacable de especies: plantas, animales, hongos, bacterias… que se interrelacionan de múltiples formas. Pensemos, por ejemplo, en el caso de un árbol de flor. El árbol produce el oxígeno que tantas especies necesitamos para respirar, fija CO₂ y así produce comida para herbívoros, es nicho para que vivan pájaros, pequeños mamíferos, insectos… Asimismo el árbol depende de arbustos y hierbas que protegen el suelo, de hongos e insectos xilófagos que descomponen la madera muerta y devuelven minerales al suelo, de polinizadores para reproducirse, etc. Por otra parte, son ecosistemas que cambian con el tiempo, aunque en la búsqueda de unos equilibrios dinámicos que les permiten cerrar los ciclos naturales, regenerarse en frente perturbaciones y así ser autosostenibles a largo plazo.

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Parc de la Guineueta, Barcelona. Antes (imagen superior, fuente: web Barcelona+Sostenible) presentaba un ajardinado con manenimento intensivo, baja biodiversidad y escasa funcionalidad. Ahora (imagen inferior, fuente propia) presenta un ajardinado ecológico, con elevada diversidad de herbáceas y funcionalidad (Fuente propia).

El nuevo paradigma del verde incorpora muchas de las características de los ecosistemas en el medio natural: elevada biodiversidad, evolución a lo largo del tiempo, dinamismo de los ciclos del carbono, los nutrientes, del agua… y una alta autosostenibilidad. Es por ello que las soluciones aplicadas desde esta perspectiva se llaman Soluciones basadas en la naturaleza. En definitiva, se trata de abordar un modelo de verde urbano que desde los proyectos y la gestión comprenda y favorezca el propio funcionamiento de los ecosistemas y lo aplique en favor de lograr unos espacios más sanos, resilientes y amables para la gente.

Hay que puntualizar que un espacio verde urbano presenta diferencias con un ecosistema en la naturaleza, ya que ha sido concebido para acoger un uso público y, por tanto, debe integrar y tolerar una considerable frecuentación antrópica. Además, sabemos que las ciudades sufren importantes disfunciones ambientales: contaminación atmosférica, presencia de desechos, etc. Con todo ello, difícilmente el verde urbano pueda llegar a ser 100% autónomo y autosostenible, por lo que también con el enfoque ecológico hay que tener en cuenta el interés de efectuar un cierto mantenimiento.

Menos químicos, más biodiversidad y más funciones ecológicas

La tendencia hacia una gestión ecológica está fuertemente ligada con la erradicación del uso de herbicidas. El más utilizado, el glifosato, es un conocido disruptor endocrino para personas y otros organismos y probablemente también cancerígeno. En Cataluña son cerca de 200 los ayuntamientos que ya han abandonado su uso: Vilanova i la Geltrú fue uno de los pioneros en 2013, Badalona lo hizo en 2015, Tarragona en 2016, Barcelona en 2017, Lleida en 2018… De hecho, el futuro de este herbicida es incierto, pues el Parlamento europeo quiere que quede prohibido a partir de 2022.

Pero, ¿qué implica dejar de aplicar este químico? El efecto más evidente es la aparición de hierbas espontáneas. Algunas, como el diente de león, aportan flores a lo largo de buena parte del año, otras pueden resultar menos atractivas, pero, más allá de su componente estética, la funcionalidad ecológica en ese espacio cambia. Aunque dichas hierbas se pueden extraer por medios mecánicos o bien limitar su aparición a partir de métodos como los triturados de restos de poda, pensemos en un alcorque antes baldío que ahora se encuentra vegetado: ahora las plantas bajas emiten oxígeno y captan CO₂, airean el suelo e incorpora materia orgánica, infiltran más agua en el suelo y el subsuelo, etc. Asimismo, descartando estos químicos evitamos emisiones de gases de efecto invernadero derivados de su producción y uso. Se trata, pues, de beneficios para la salud de los ecosistemas que se suman al propio hecho de dejar de exponernos a un producto nocivo.

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Alcorques biodiversos en la avenida Icària de Barcelona (Fuente propia).

Merece una mención especial una protagonista de este enfoque ecológico: la biodiversidad, con un rol clave por varias razones. Por un lado, diferentes especies vegetales pueden desarrollar funciones ecológicas complementarias: unas generan nuevos espacios de sombra, otras introducen nitrógeno en el suelo, otras atraen insectos… En Barcelona se está monitorizando el papel de algunos insectos, tales como mariquitas o chinches verdes, en el control de plagas, por ejemplo de pulgones, y se ha encontrado una clara relación entre la presencia de estos predadores en los alcorques plantados y la disminución de las plagas en los árboles (Irati, Hidrobiology, Ajuntament de Barcelona, 2018).

Además, una mayor variedad de especies confiere resiliencia al ecosistema (siempre, claro, que se trate de especies adecuadas a las condiciones bioclimáticas y edáficas, y que no presenten un comportamiento expansivo o invasor). Por ejemplo, frente a una enfermedad, tendremos menos probabilidades de que ésta se extienda por todo el verde cuanto más diversidad de especies tengamos, ya que la sensibilidad a cada enfermedad varía mucho entre especies. Así, se puede evitar que buena parte de la vegetación urbana enferme fácilmente, como ha sucedido en Barcelona con el contagio del hongo oidio a través de los plátanos de sombra, que predominaban en el arbolado viario. Ahora las especies plantadas en la metrópoli se van diversificando siguiendo el Pla director de l’arbrat de Barcelona 2017 – 2037, el Pla del Verd i de la Biodiversitat de Barcelona 2020 y el Pla de millora de la biodiversitat a nivel del Área Metropolitana, junto con otras actuaciones relacionadas.

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Brotes de plátano de sombra infectados con el hongo oidio (Fuente propia).

Servicios ecosistémicos y beneficios para la población

Tal y como planteábamos inicialmente: entonces, ¿como se beneficia la ciudadanía de naturalizar el verde urbano? Pues tenemos mucho que ganar en calidad de vida. En base al concepto de servicios ecosistémicos (Constanza et al., 1997; Millenium Ecosystem Assessment, 2005), definidos como el conjunto de beneficios que las personas obtenemos de las funciones de los ecosistemas -tales como la formación del suelo; el mantenimiento de la biodiversidad; la regulación de los ciclos del carbono, los nutrientes, del agua; el abastecimiento de alimentos; espacios para el ocio, etc.-, el planteamiento ecológico del verde urbano resulta muy coherente.

La lista de beneficios que obtenemos las personas del cambio de modelo es larga, pero destacan:

  • Aumento de la absorción de CO₂. Ante el cambio climático necesitamos reducir emisiones y, al mismo tiempo, aumentar el potencial de absorción de CO₂ de la vegetación. Así, es clave incrementar la superficie de verde urbano (por ejemplo, el Pla Clima establece la meta de aumentar 1,6 km² de verde en Barcelona para 2030), así como configurar estos espacios para que maximicen la fijación de CO₂ en la fotosíntesis. Hábitats con más estratos de vegetación, más diversidad florística y mejor estado de salud fijan más carbono que los ajardinados intensivos.
  • Mejora de la calidad del aire. La vegetación, además de fijar CO₂, en las urbes desarrolla el inestimable papel de interceptar partículas suspendidas en el aire y gases nocivos para nuestra salud. Copas de árbol bien desarrolladas y más niveles de vegetación baja contribuyen notablemente a esta función.
  • Confort térmico. En las ciudades padecemos el llamado efecto isla de calor, que consiste en un incremento de las temperaturas debido al predominio de materiales que retienen el calor (cemento, asfalto…). El verde, tanto porque ofrece lugares de sombra como, sobretodo, gracias al proceso de evapotranspiración palia este desajuste -en lugares arbolados la temperatura en la superficie del pavimento puede bajar de los 6 a 14ºC en un día de verano (Ramón Folch; CREAF, 1996)-, donde mayor puede ser el servicio con ecosistemas más complejos.
  • Mejora de la infiltración del agua. Por un lado, aumentar los suelos permeables conlleva mayor infiltración de agua y recarga de acuíferos, tan útiles para usos humanos. Esto a la vez disminuye el riesgo de inundación y reduce el volumen de agua a gestionar por el alcantarillado y depurar posteriormente. La infiltración se ve muy favorecida gracias a la presencia de vegetación, que introduce agua en el suelo por la capilaridad de sus raíces.
  • Más biodiversidad y menos plagas. Desde hace décadas estamos fomentando con nuestra forma de hacer ciudad unas pocas especies que comparten con nosotros el gusto por el cemento y la tolerancia a la suciedad. Es el caso de la paloma, especie propia de roquedales y acantilados, que se encuentra bien satisfecha con inmensas áreas que reproducen las condiciones de su hábitat preferido. Por el contrario, si diversificamos las condiciones en la ciudad, generamos nuevos ambientes y oportunidades para más especies, favoreciendo la autorregulación de las poblaciones y nuevos servicios para las personas. Por ejemplo, pensemos en el rol de pájaros insectívoros y murciélagos en la depredación de mosquitos. Actualmente se incentivan con 300 cajas nido para pájaros insectívoros y 80 para murciélagos repartidas por la Red de Parques Metropolitanos y se prevé instalar más en los próximos meses.
  • Bienestar psicológico. La presencia de verde también nos cuida la salud psicológica. Hay una larguísima lista de estudios científicos que lo constatan desde hace décadas, donde los efectos positivos van desde disminuir la fatiga mental (Kaplan & Kaplan 1989; Ulrich, 1976, 1984), mejorar los estados de ánimo (Hull, 1992 ), hasta acelerar la recuperación en periodos de convalecencia (Dunnett, Qasim – HortTechnology, 2000).

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    Instalación de cajas nido para murciélagos en el centro de educación ambiental Ecometropoli de Santa Coloma de Gramenet (Fuente propia).

No son pocas, pues, las ventajas que obtenemos de disponer de espacios verdes altamente funcionales. Y aún podríamos comentar más, como la amortiguación del ruido o el ahorro de abonos, pesticidas y agua que implica tanto un ahorro económico como beneficios ambientales. Además, proporcionamos más salud y esperanza de vida a las plantas, por ejemplo evitando podas continuas, causantes de estrés y de heridas que a menudo se infectan por hongos, por lo que dotamos de más durabilidad al verde.

Entonces, deberíamos dejar de podar los cipreses del Laberint d’Horta o de espacios similares? Los jardines históricos presentan unos valores culturales que también tiene interés preservar. Seguro que se pueden introducir pequeños ajustes que acerquen estos espacios a un funcionamiento menos intensivo y más ecológico, pero su tratamiento puede ser diferente al de los espacios verdes contemporáneos.

De hecho, hay que tener en cuenta que cada lugar se debería planificar y gestionar de acuerdo a los servicios ecosistémicos que más se necesiten. Así, en el caso de los árboles de calles con tráfico, donde hay que promover su papel en la limpieza de contaminantes atmosféricos y la amortiguación del ruido, resulta positivo permitir un elevado desarrollo de las copas, junto con incluir especies de hoja perenne que ofrezcan estos servicios al largo de todo el año. Por ejemplo, en la avenida Diagonal de Barcelona, se combina la encina de hoja perenne con plátanos de sombra que son caducos, pero las perennes se ausentan en muchas otras vías de primer orden de la ciudad, tales como la calle Aragó o la Gran Via.

A escala territorial, también se pueden potenciar los servicios ecosistémicos y la biodiversidad. Hablamos de infraestructura verde para referirnos a la red de espacios naturales y seminaturales planificada y gestionada para ofrecer una amplia gama de servicios ecosistémicos (Comisión Europea, 2013). A nivel metropolitano estos servicios han sido caracterizados en el trabajo Serveis ambientals de la infraestructura verda (AMB, BR y CREAF, 2014).

Difusión y sensibilitzación

Un cambio de enfoque como el descrito requiere un ejercicio comunicativo asociado importante. Llevamos muchos años viendo ajardinados de un determinado estilo, por lo que el nuevo planteamiento puede parecer extraño o, peor, sin fundamento, o, aún peor, concebido de espaldas a las personas. Por el contrario, lejos de todo esto, se trata de un planteamiento basado en unos principios ecológicos sólidos, destinado de forma directa a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.

Desde varias administraciones, se están desarrollando actuaciones en este sentido. A nivel del Área Metropolitana de Barcelona es muy interesante la acción pedagógica de las Jugateques ambientals repartidas por distintos municipios que a través del juego y la experimentación muestran los valores de los parques y playas metropolitanos, así como los Ciclos de actividades en parques, playas y ríos metropolitanos incluyen una amplia oferta de actividades sobre el rol de la biodiversidad.

En Barcelona destaca en pro de este conocimiento de la biodiversidad urbana la oferta de actividades de las Aules ambientals, servicios de educación e información ambiental, situados en los centros cívicos de diferentes barrios, o, de cara a las escuelas, el programa educativo de la Fàbrica del Sol Com funciona Barcelona? que trata 7 ejes de sostenibilidad urbana, uno de los cuales es el de “ciudad más verde”. Actualmente, también se puede visitar la exposición itinerante del Ayuntamiento de Barcelona Mirades del verd, que desde diciembre se desplaza por varios parques de la ciudad, divulgando como ha sido la evolución de los parques y jardines en Barcelona (hasta el 12 de marzo se encuentra en el Parc de la Barceloneta).

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Exposición itinerante del Ajuntament de Barcelona Mirades del verd (Fuente propia).

Además de la sensibilización ciudadana, es esencial hacer partícipes de este nuevo paradigma a las personas que trabajan tanto en proyectos de espacio público y verde urbano como en su gestión, ya sea en las administraciones o desde empresas o entidades. Es especialmente clave la formación de jardineros y jardineras que, en última instancia, deben encargarse de poner en práctica las metodologías descritas. En este sentido, experiencias como el Cicle de seminaris tècnics de promoció de la biodiversitat urbana des del verd urbà, de 2018, coordinado por la Xarxa de Ciutats i Pobles cap a la Sostenibilitat (y coorganizado por la Diputació de Barcelona, el Àrea Metropolitana de Barcelona y el Ajuntament de Barcelona), son fundamentales para compartir y mejorar los conocimientos de las administraciones y extender buenas prácticas en la materia.

En definitiva, generar ciudad sin considerar el funcionamiento de los ecosistemas produce una serie de problemáticas e impactos que de cara al futuro ya no podemos asumir: consumo insostenible de patrimonio natural, pérdida de biodiversidad, contaminación del aire, el agua y los suelos… en este marco, ir hacia unas ciudades más biodiversas y ecológicas es una pieza clave para alcanzar el reto ineludible de la sostenibilidad de nuestra existencia. Un reto que gana peso en el balance de la sostenibilidad planetaria si tenemos en cuenta que las urbes siguen todavía creciendo en superficie y habitantes. Es una buena oportunidad para invitar a vivir con nosotros a otras especies a las que hasta ahora hemos ido arrinconando y aprender a convivir en busca del beneficio mutuo.

Clara Montaner Augé. Ambientóloga – 27 de febrero de 2019

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