Drowning in Blue

La invasión de desechos plásticos

@CalaixA

Casi sin darnos cuenta, el plástico ha ido invadiendo nuestras vidas. Desde juguetes hasta material médico, pasando por ordenadores y móviles, como también la ropa sintética que abunda en nuestros armarios, la mayoría de productos en los que se basa nuestro sistema productivo y reproductivo contienen plásticos. Por si ello no fuera poco, los dichosos envases para la comida y para todo tipo de productos de consumo multiplican la invasión de este material en nuestras vidas. Se trata de una cuestión con un alcance tan vasto que pide la reflexión de todos los sectores de la población.

En ello ha fijado la mirada la fotógrafa madrileña Irene Cruz a través de su colección de fotos “Drowning in Blue” que se expuso el pasado mayo en Fifty Dots Gallery, pequeña galería de arte de Barcelona. La artista realiza su personal interpretación sobre la problemática de los plásticos que llegan al mar, relatada con poéticas imágenes de cuerpos humanos dentro del agua.

Las imágenes traspuan la idea de que formamos parte de los ecosistemas, que somos un ingrediente más de las relaciones y equilibrios que los conforman. Aunque lamentablemente nuestro estilo de vida actual ha querido olvidarlo. Como símbolo de ello, destaca la obra en la que vemos una figura humana de espaldas y tras ella se extiende una estela de plástico, como rastro de desdén hacia la naturaleza.

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Fotografía de Irene Cruz, colección “Drowning in Blue” (Fuente: Fifty dots Gallery)

Por otra parte, el agua protectora que envuelve los cuerpos muestra, con palabras de Andrea Perissinotto, comisaria de la exposición, “una naturaleza que nos perdona, como una madre absolviera la culpa más nefasta de su hijo, como la mirada de alguien que se está apagando lenta pero inexorablemente y nos sonríe, porque en su esencia no perdura la ira, sino el anhelo de superación”.

Pero, ¿hasta cuándo podrá perdonarnos la madre naturaleza? Esta exposición ha llegado a Barcelona justo en un momento culminante, en el cual impactantes titulares sobre la gravedad de la contaminación por plásticos en el planeta han irrumpido en los medios de comunicación. Con el fin de ilustrar la situación en qué nos encontramos, a continuación, presento una síntesis en cuatro puntos y breves reflexiones sobre las principales noticias que recientemente han surgido alrededor de este tema.

El alcance del problema

Pero, antes de entrar en la actualidad, ¿qué es el plástico? Se trata de un material sintético formado por grandes moléculas hechas principalmente de cadenas de carbono, lo que se denominan polímeros. Se suelen sintetizar a partir de derivados químicos del petróleo, aunque también existen algunos plásticos hechos con fuentes renovables ‒como los derivados del almidón o los de origen bacteriano‒ (Wikipedia, febrero 2016). Según este reciente artículo de The Guardian (marzo 2018), el 6% del petróleo extraído al año se utiliza para la producción de plásticos.

El plástico tiene muchas características que lo hacen idóneo para múltiples usos: es maleable, poco denso, es un buen aislante térmico y eléctrico, es impermeable, no es soluble al agua, etc. Aunque, por otro lado, no es un material biodegradable, por lo que se acumula en la naturaleza y contamina tanto sistemas hídricos como terrestres, con distintos efectos asociados, como más adelante veremos.

Se estima que en 2016 se produjeron alrededor de 322 millones de toneladas, excluyendo la producción de fibras plásticas (Elsevier B.V., 2018). El plástico constituye el 10 por ciento de todos los residuos que generan los humanos y cerca de un 50% del producto sintético es de un solo uso o desechable (Ambientum, marzo 2018).

Los estudios más recientes cifran entre 5,95 y 15,11 millones de toneladas la cantidad de plástico que llega cada año a los océanos directamente o a través de los ríos (Público, febrero 2018).

La mancha de plásticos en el Pacífico norte

Desde 1997 se conoce la existencia de esta “isla” de plásticos situada en el océano Pacífico norte (National Geographic, 2018). Desgraciadamente, una reciente publicación científica en la revista Nature basada en el estudio realizado a lo largo de tres años por The Ocean Cleanup Foundation ha llegado a la conclusión de que la gran mancha de plástico es 16 veces mayor de lo que se imaginaba y que su aumento es exponencial. Los plásticos constituyen el 99,9% de todos los residuos en esta parte del océano. Al menos el 46% de los plásticos son redes de pesca y más de tres cuartos de los plásticos eran pedazos de más de 5 cm (BBC, marzo 2018).

La superficie que ocupan estos residuos en suspensión que va de California hasta las islas Hawai supera los 1,6 millones de kilómetros cuadrados y pesa cerca de 80.000 toneladas. Para hacerse una idea de la magnitud de este monstruo se da como referencia que su tamaño es aproximadamente como España, Francia y Alemania juntas (TV3, marzo 2018).

Por otro lado, hay que tener en cuenta que esta no es la única gran mancha de plástico en los océanos: hay otra en el Pacífico Sur, dos en el Atlántico, y otra en el Índico, que se acumulan a causa de la presencia de remolinos de agua que atrapan residuos. Se calcula que en estos momentos hay hasta 236.000 toneladas de plásticos flotando en la superficie de los distintos mares del mundo (Público, febrero 2018).

Además, el plástico incluso ha alcanzado las fosas más profundas del océano (ONU Medio Ambiente, abril 2018) y el hielo del ártico (Agencias INC, abril 2018). Así como, en los continentes, los científicos estiman que la contaminación por plásticos y microplásticos es entre 4 y 23 veces mayor que en los océanos, dependiendo del lugar, y advierten que su impacto en suelos, sedimentos y agua dulce podría tener un efecto negativo a largo plazo en los ecosistemas. (ONU Medio Ambiente, abril 2018).

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La invasión de desechos plásticos (Fuente: propia)

Efectos de la contaminación por plásticos y microplásticos en el agua

Resulta evidente que esta gran cantidad de plásticos que se vierten al mar no es inocua para el medio ambiente y para las especies. Hablamos, además, de un material que puede permanecer en el medio hasta 1000 años (ONU Medio Ambiente, abril 2018).

De los millones de toneladas de objetos plástico que acaban en el mar una gran parte se va rompiendo, originando así pedazos que la fauna marina ingiere pensando que son alimento o simplemente por estar presentes en el agua. Otros animales quedan enganchados en redes y otros plásticos causándoles heridas o, incluso, la asfixia. Con todo ello, se estima que cada año más de 1 millón de aves marinas y más de 100.000 mamíferos marinos mueren a causa de los plásticos que se encuentran en los océanos según datos del Programa Medioambiental de Naciones Unidas (UNEP) (Europa press, abril 2018).

En las últimas semanas han aparecido distintas noticias acerca de las muertes de fauna causadas por el plástico. De entre ellas, ha generado mucha repercusión la del cachalote de casi diez metros y más de seis toneladas de peso que apareció muerto cerca del faro de Cabo de Palos, Murcia, el pasado 27 de febrero, a causa de los 29 kg de residuos plásticos contenían su estómago e intestino (LaVerdad.es, abril 2018). Este hecho ha dado lugar a interesantes reflexiones sobre la necesidad de cambiar los modelos actuales de generación y gestión de los residuos, como por ejemplo este artículo de Juan López de Uralde (diputado y coportavoz de Equo) en el diario Público, o este de Rosa M. Tristán (divulgadora científica) en su blog Laboratorio para Sapiens, ambos de este mes de abril de 2018).

Pero todo esto no sorprenderá a quienes hayan visto la serie documental de la BBC Blue Planet II, que muestra cómo puede afectar la contaminación por plásticos a la fauna marina. En este artículo de The Guardian de octubre de 2017, cuentan con palabras del científico David Attenborough, quien participó en dicha serie, cómo los rodajes mostraron que claramente urge actuar contra esta invasión de plásticos.

No obstante, el problema no acaba en los productos plásticos. Por su parte, los microplásticos (plásticos menores de 5 mm), además de generarse por la degradación de objetos plásticos de mayor tamaño ‒incluyendo las fibras que suelta la ropa sintética a lo largo de su vida y sobre todo por el lavado‒, también se utilizan en la industria como abrasivos en una variedad de productos cosméticos y de cuidado personal, como dentífricos y exfoliantes (BBC, marzo 2018).

En los últimos años distintos análisis han encontrado microplásticos en nuestro cuerpo y en una extraordinaria gama de productos (miel y azúcar, marisco, alimentos procesados, sal de mesa…), algunos con resultados bastante alarmantes. Por ejemplo, en un estudio realizado en EEUU, el 95% de los adultos evaluados presentaron en su orina bisfenol A ‒monómero utilizado para la fabricación de plástico que afecta el sistema endocrino y tiene efectos cancerígenos‒. En otro, el 83% de las muestras de agua del grifo de siete países contenían microplásticos. No se libra el agua embotellada, ya que un estudio publicado el mes pasado reveló contaminación de plásticos en más del 90% de muestras de 11 marcas diferentes (The Guardian, marzo 2018).

De hecho, el polvo doméstico contiene gran cantidad de fibras plásticas procedentes en gran parte de telas sintéticas. Tal sólo en una comida llegamos a comer más de 100 de estas fibras que caen sobre nuestros platos, según un estudio científico de la Universidad de Heriot-Watt. Esto implica que una persona promedio ingiere hasta 68.000 fibras plásticas potencialmente peligrosas por año simplemente sentándose a comer (Econoticias.com, abril 2018).

Por el momento poco se conoce sobre cómo afectan los micro- (y nano-) plásticos a la salud humana, aunque desde hace años se sabe que algunos de los aditivos utilizados en la producción de plásticos son químicamente peligrosos. Estudios recientes los señalan como causantes de daños físicos y de estrés biológico de nuestras células (Revel, Châtel & Mouneyrac, febrero 2018), aunque existen otros muchos potenciales efectos negativos sobre la salud, como alteraciones hormonales e interferencias con el ADN, lo que puede desembocar en procesos carcinogénicos. Poco concluye la European Food Safety Authority (EFSA) sobre sus posibles efectos adversos, más allá de que se requiere seguir investigando al respecto (EFSA, junio 2016). Mientras tanto, nosotros y nuestros ecosistemas seguimos ingiriendo plástica día a día.

Por todo ello, tal y como argumenta John Vidal (periodista y exjefe de la sección de Medio Ambiente de The Guardian): “Prohibir las bolsas de plástico y los envases de un solo uso sería un buen comienzo, pero tenemos que ir mucho más allá. Es necesario reducir la producción de plástico y fomentar alternativas menos nocivas” (The Guardian, marzo 2018).

Iniciativas y respuestas por parte de gobiernos y ciudadanía

Ante la problemática actual, distintos gobiernos y colectivos ciudadanos han emprendido iniciativas al respecto. Pero ¿llegará la concienciación, las medidas y el cambio de paradigma más rápido de lo que avanza la degradación ambiental? Veamos cuales son los principales pasos que se recientemente planteados.

Se podría decir Reino Unido se ha proclamado como uno de los países abanderados de esta lucha. Por un lado, ha anunciado la implantación del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) para potenciar el retorno de los envases a las tiendas (Retorna.org, marzo 2018).  Por otro lado, ha anunciado que invertirá 76.000.000$ en la limpieza del plástico de los océanos (Sea voice news, abril 2018). Como también 40 compañías del país (responsables del 80% de los envases de plástico vendidos en los supermercados británicos) han firmado el llamado Pacto de Plásticos del Reino Unido, con el objetivo de reducir la contaminación causada por el material (EFE Verde, abril 2018). El pacto incluye que el 100% de los envases estén preparados para ser reciclados, reutilizados o bien compostados, para el horizonte 2025, entre otras medidas.

En el contexto europeo, el Parlamento europeo ha aprobado nuevas directivas propugnan, entre otras medidas, una reducción del consumo de embalajes no reciclables y desmesurados (La Vanguardia, abril 2018). Que falta ver como se concretarán en los estados miembros.

En el mismo sentido, la Comisión de Medio Ambiente del Congreso español acordó prohibir la comercialización, importación y exportación de utensilios de plástico de un solo uso (platos, vasos, cubiertos, o pajitas) a partir del 1 de enero de 2020. El texto ‒aprobado por todos los grupos salvo el PP‒ plantea que todos los utensilios citados se fabriquen con al menos un 50% de sustancias biodegradables a partir de 2020, y con un 60% a partir de 2025 (EFE Verde, abril 2018). Al respecto me pregunto, ¿por qué no apostar al 100% por materiales biodegradables?

También la Comunidad valenciana y la balear se han proclamado a favor del veto a los plásticos de un solo uso que puedan reemplazarse por otros materiales, como son las cápsulas de café o los bastoncillos para los oídos (El País, enero 2018; El Periódico, abril 2018). Y en Cataluña, el partido En Comú-Podem ha registrado una propuesta de resolución en el Parlament para instar al Gobierno catalán a prohibir la venta y la distribución de plásticos de un solo uso para 2020 (Ara.cat, abril 2018).

Igualmente, se han emprendido campañas para disminuir el uso de botellas de plástico promoviendo el agua del grifo. El agua embotellada es una de las protagonistas de la contaminación por plásticos ya que tan solo la mitad de las producidas a nivel mundial en 2016 fueron recogidas tras su uso, y (¡ojo al dato!) apenas un 7% se convirtieron en nuevas botellas. ¿Por qué tan poco reciclaje si el PET es reciclable al 100%? Pues resulta que los fabricantes eluden el uso de material de segunda mano por razones meramente estéticas, dado que es menos transparente que el de primera fabricación. En este artículo de Ecoavant.com puedes leer más sobre las iniciativas emprendidas en distintas latitudes para favorecer el uso del agua de grifo.

Otro protagonista son las bolsas plásticas ya que cada año, el mundo usa 500.000 millones de éstas. Muchos países cuentan con una legislación que hace pagar por ellas, pero Kenia es el más estricto en ese sentido: impone castigos de hasta 4 años o multas de hasta 40.000$ para quien produzca, venda o incluso utilice bolsas de plástico (The Guardian, agosto 2017).

Por otra parte, los países de América latina están emprendiendo distintas medidas entre las que destacan:

  • Actuaciones para eliminar el plástico desechable: como las emprendidas en Chile en 2017 y la anunciada en Costa Rica para el año 2021 (EFE Verde, marzo 2018).
  • Campañas de limpieza costera, marina y submarina: como la que se realizó el pasado mes de marzo en el Parque Nacional Galápagos, dentro de la campaña Mares Limpios de ONU Medio Ambiente (Ambientum, marzo 2018).

Como vemos, este tema está al orden del día, y por ello ONU Medio Ambiente anunció en febrero que el Día Mundial del Medio Ambiente 2018, que se celebra el 5 de junio, llevará esta vez el lema “Un planeta #SinContaminación por plásticos”, para llamar a la reducción urgente de la producción y uso excesivo de plásticos que afectan a los ecosistemas (ONU Medio Ambiente, febrero 2018; EFE Verde, febrero 2018).

Cabe recordar que ONU Medio Ambiente lanzó en febrero de 2017 la campaña Mares Limpios para hacer frente al consumo excesivo de plásticos desechables y al uso de microplásticos, que ya cuenta con la adhesión de 42 gobiernos (incluyendo el de España), muchos de ellos con compromisos específicos para proteger los océanos, fomentar el reciclaje y reducir el consumo de plásticos de un solo uso, que puedes leer con más detalle en el artículo La marea de plástico está cambiando de ONU Medio Ambiente, abril 2018.

Por su parte, la ciudadanía está lanzando distintas campañas para pedir a gobiernos, productores y vendedores una reducción drástica del consumo de plástico. Algunas de las que han tenido más eco son:

  • Iniciativa #DesnudaLaFruta lanzada para promover la fruta sin envases, que empezó el pasado febrero con un grupo de Facebook y que ha transcendido a otras redes sociales y medios de comunicación. En este post de las hermanas Esturirafi explica cómo funciona la campaña y como de fácil es participar.
  • Peticiones de distintas ONGs: Greenpeace, Salva la Selva
  • Tendencia de estilo de vida Zero Waste: con múltiples experiencias en Internet. Si te interesa pasarte al modo residuo cero este exhaustivo post de La eco cosmopolita te aportará muchas fuentes y herramientas para empezar.
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Contaminación por plásticos en Filipinas (Fuente: Daniel Müller/Greenpeace)

También han llegado los supermercados y tiendas libres de plástico, como el Ekoplaza, en Amsterdam, o el Yes Future en Barcelona, en el que todos los productos se compran a granel.

Por el contrario, los lobbies del plástico han respondido con la campaña #NoCulpesAlPlástico, incidiendo en la mala gestión de los residuos por parte de los consumidores (AIMPLAS Instituto tecnológico del plástico, abril 2018). Se trata de una campaña con bastante poco fundamento, por ejemplo, afirma que los plásticos evitan los desperdicios, mientras que el reciente estudio de Amigos de la Tierra El envasado de plástico no evita el desperdicio alimentario demuestra que el uso de envases plásticos no reduce el despilfarro alimentario, sino que incluso lo incrementa ya que en los embalajes multi-pack obligan a comprar grandes cantidades de un solo producto, susceptibles de inducir al despilfarro de alimentos. Si quieres leer más sobre esto te recomiendo el artículo Las mentiras de No culpes al plástico (La hipótesis de Gaia, abril 2018).

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Exposición “Drowning in Blue” de Irene Cruz (Fuente: Fifty dots Gallery)

A estas alturas, creo que más allá de buscar culpables hay que buscar soluciones. Y, en un mundo donde nuestros impactos son de escala planetaria, se impone la necesidad de dejar de utilizar materiales tan nocivos para el medio ambiente y las especies, como lo es el plástico, para pasar a definir un modus vivendi basado en el respeto y la conservación de la naturaleza y de sus ritmos de producción de servicios ecosistémicos y de absorción de residuos, actualmente de muy lejos sobrepasados.

Por todo ello, son tan necesarias las reflexiones de artistas como Irene Cruz, con su coleccón “Drowning in Blue” o como la del artista británico Daniel Webb, con su mural de basura acumulada a lo largo de un año  (The Guardian, abril 2018), que interpelan a toda la sociedad a replantearse los efectos de nuestro estilo de vida actual.

Clara Montaner Augé – 26 de abril de 2018

Actualizado el 2 de mayo de 2018

Imagen de portada: Exposición “Drowning in Blue” de Irene Cruz (Fuente: Fifty dots Gallery)

4 thoughts on “Drowning in Blue

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