¿Cómo actuar ante la emergencia climática? (II)

Febrero. Alimentación con baja huella de carbono

@CalaixAmbiental >> La alimentación genera cerca de una cuarta parte de las emisiones mundiales de dióxido de carbono. Por ello, el potencial impacto positivo de este campo de actuación es muy importante. Se estima que una dieta más sostenible podría evitar 26% las emisiones de CO₂ en España. Unas cifras que muestran el gran potencial de cambio en este ámbito, despertando optimismo y proactividad para afrontar los nuevos retos que proponemos para este mes (siguiendo con los retos de enero).

Reto 3: Minimiza el consumo de carne y productos animales.

No son pocas las fuentes que abogan por este cambio de dieta: grupos ecologistas, instituciones y hasta el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU, a raíz de los resultados del Informe especial sobre cambio climático y tierra de 2019. Y es que el consumo de productos de animales ya causa cerca del 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero vinculados a la acción humana –siendo altamente insostenible en términos de emergencia climática y a otros niveles–.  Como vimos con cálculo de la huella de carbono que realizamos en el post anterior, un consumo alto y medio de carne hacen prácticamente imposible que no se sobrepasen las 2 toneladas de CO₂ anuales objetivo por persona.

La producción de carne hoy es casi cinco veces más alta que a principios de la década de 1960: de 70 millones de toneladas a más de 330 millones de toneladas en 2017. Esto se debe, por un lado, al aumento de población mundial, a la vez que el consumo por persona también ha ido en aumento, ligado principalmente al aumento de ingresos.

Para que todas las personas, así como las demás especies, podamos vivir de forma segura y sana, necesitamos reducir al menos un 50% la producción y consumo medio global de carne y otros derivados animales. En España, puesto que somos el segundo país de Europa donde más carne se consume, debemos hacer un esfuerzo mayor y reducir alrededor de un 80%.

¿Cuáles son las principales ventajas de reducir el consumo de productos animales?

  1. Frenar la deforestación. El consumo de terreno de la producción animal es muy grande, ya que requiere tierras para producir piensos y más tierras para la cría de ganado. Actualmente, se están deforestando grandes superficies de bosques y selvas para la producción de piensos. Con ello perdemos superficie de vegetación que es clave por su capacidad de almacenar carbono, reduciendo su concentración en la atmósfera. En cambio, el consumo de vegetales es mucho más eficiente en el uso de suelo, por lo cual es más compatible con la conservación de las selvas.
  2. Reducir emisiones de CO₂. Al igual que sucede con el consumo de territorio, los productos animales generan emisiones por partida doble: en la producción del alimento de los animales (maquinaria agrícola, transporte, procesado…) y en la ganadería (cría, más transporte, más procesado…). Por tanto, volvemos a la eficiencia de basar la dieta en productos vegetales.
  3. Reducir emisiones de metano. Hay otros gases que contribuyen al calentamiento planetario además del CO₂, uno de ellos es el metano, responsable del 20% de las emisiones de efecto invernadero. Los herbívoros lo generan a través de su flora bacteriana, que les ayuda a obtener su alimento Por ello, los productos lácteos también acarrean una gran mochila de emisiones.
  4. Reducir otros impactos ambientales graves. La ganadería intensiva causa otros problemas severos como pérdida de biodiversidad, un gran consumo de agua, elevada generación de residuos, contaminación del suelo, ríos y acuíferos, etc. También son muy destacables los impactos asociados a la pesca industrial sobre los ecosistemas marinos y la biodiversidad. Un informe del Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alerta de que en el océano no hay suficientes peces para resistir el ritmo actual de explotación, exponiendo que incluso si redujéramos a la mitad los barcos, anzuelos y redes, la pesca seguiría siendo excesiva. Por ello, remplazar el consumo actual de carne por el de pescado no es una solución.
  5. Ganar salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica como cancerígena para los humanos la carne procesada (cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida a día aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en cerca de un 18%) y clasifica la carne roja como probablemente cancerígena. La OMS define la carne procesada como aquella que ha sido transformada a través de procesos como la salazón, el curado, etc. (salchichas, hamburguesas, jamón…) y la carne roja como la carne muscular de los mamíferos (ternera, cerdo, cordero, cabra…). Además, la ingesta de carne se asocia también con otras patologías, como enfermedades cardiovasculares o la diabetes tipo 2. Por ello, el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya recomienda comer dietas basadas en productos vegetales y que incluyan, como máximo, 4 piezas de carne a la semana.
  6. Evitar sufrimiento animal. Hay que tener en cuenta que nuestros parientes animales son muy similares a nosotros en su capacidad de sentir, tanto de forma física como emocional, experimentando miedo, angustia, satisfacción, agradecimiento… Sin embargo, la industria ganadera los trata como si fueran objetos, provocándoles una vida de sufrimiento, algo de lo que recientemente se están haciendo eco muchos medios, como el diario El País, a raíz del discurso del actor Joaquim Phoenix en la reciente gala de los Oscars.

Por todo ello, te proponemos aplicar este reto eliminando o reduciendo tu consumo de productos animales tanto como puedas, reemplazándolos por proteínas vegetales.

Aquí te dejamos algunos enlaces con propuestas de menús y recetas de platos vegetales y saludables para inspirarte:

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Reto 4: Elige proximidad y productos de temporada.

Otro talón de Aquiles de nuestra alimentación es, efectivamente, el consumo de productos de orígenes lejanos. Según la organización Amigos de la Tierra en su informe Alimentos kilométricos, España importó en 2011 más de 25,4 millones de toneladas de alimentos que recorrieron de media 3.827 kilómetros. El resultado de todos estos trayectos son 4,2 millones de toneladas de CO₂ emitidas a la atmósfera. Los productos que más contribuyen a dicha problemática son: en primer lugar, los piensos para animales; en segundo lugar, pescados, crustáceos y moluscos (conectando de nuevo con la importancia de reducir el consumo de productos animales); y en tercer lugar, café, té, cacao y especias.

Pero ¿por qué tan a menudo un alimento que viaja miles de kilómetros cuesta menos que uno local? Por un lado, el carburante utilizado para el trayecto sigue siendo barato, y no incluye los elevados costes ambientales. Además, la deslocalización de la producción agraria busca “aprovecharse de unas condiciones laborales precarias, una legislación medioambiental muy flexible y unos precios de producción muy bajos, para luego vender los productos aquí a un precio competitivo“, como expone Esther Vivas, activista y autora de varios libros de consumo responsable. El resultado en los países menos adinerados es la destrucción de los ecosistemas, la biodiversidad y el tejido agrario local.

El consumo de países lejanos se asocia también a la disponibilidad de fruta y verdura fuera de temporada. También se pueden producir algunos alimentos todo el año en invernadero, pero de nuevo este tipo de producción es poco sostenible, íntimamente ligada al uso masivo del plástico para cubrir las producciones, con un alto consumo de fertilizantes, agua, etc. En definitiva, elige productos locales y de temporada para reducir emisiones y, a la vez, estarás apoyando la producción local, en vez de repartir miseria global.

Hay que señalar que ya se están llevando a cabo interesantes iniciativas en los sentidos expuestos. Un ejemplo son las pruebas piloto que se están realizando en seis escuelas públicas de Barcelona para reducir las carnes rojas y las procesadas en los comedores. También destacan recientes investigaciones para ahondar en los comportamientos sociales que determinan estos cambios de hábitos, como el proyecto Sustainable Tasting Brunch, desarrollado por Fátima Delgado dentro del programa Cornell Climate Online Fellows de la Cornell University, en el cual las 36 personas participantes conseguimos reducir cerca de un 40% de nuestras emisiones derivadas de la alimentación en un reto de varias semanas. Otro campo magnífico es el del autoconsumo de alimentos, como está aplicando Adela Martínez con el proyecto Huertos in the sky que pretende convertir las azoteas en espacios productivos, entre otras muchas iniciativas, como la Red de huertos urbanos de Madrid y casos similares en otras ciudades.

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(Izquierda) Esta es una plaza. Madrid, 2019. (Derecha) Azotea de Huertos in the Sky. Barcelona, 2019. Fuente propia.

Más allá del nivel de consumo de carne y del grado de cercanía de nuestras compras, hay otros factores que repercuten en la crisis climática. Es el caso del fuerte uso de fertilizantes y pesticidas químicos en la agricultura industrial, que produce gases con efecto invernadero (como el óxido nitroso). También el sobreenvasado juega en contra del clima, puesto que implican una producción, un transporte de materiales y un tratamiento de residuos, evitable y muy costoso ambientalmente, especialmente el plástico (si te interesa cómo acercarte a una vida libre de plástico puedes leer #BoicotalPlástico). Igualmente, es clave evitar el desperdicio de alimentos, como hacen en la organización de eventos con productos recuperados sObres Mestres.

Luego, en resumen, una alimentación respetuosa con el clima se basaría en: productos vegetales, de proximidad, de temporada, ecológicos, sin residuos, y debería evitar el desperdicio de alimentos.

Clara Montaner Augé. Ambientóloga – 18 de febrero de 2020

Imagen de portada: Cosechando en la azotea de Huertos in the Sky de la Barceloneta (Fuente propia, 2019).