Una vida en nuestro planeta

Se estrena el nuevo documental de David Attenborough

Hoy se ha estrenado el nuevo documental de David Attenborough, titulado Una vida en nuestro planeta (disponible a través de Nexflix). En él da testimonio, a través de su amplia experiencia como explorador naturalista, acerca del exterminio masivo que estamos infligiendo a los ecosistemas. Como sus creaciones anteriores, transmite de forma didáctica y clara la maravilla que supone la compleja red de especies y ciclos que mantiene la vida, y cómo deteriorar esta red nos conduce inexorablemente hacia el desastre. Se trata de un documental imperdible que arroja interesantísimos datos sobre la magnitud de la devastación y llama a la acción, mediante la renaturalización de la Tierra.

@CalaixAmbiental > No podemos menos que agradecer a David Attenbourgh su larga trayectoria y una vida entera dedicada a la divulgación del conocimiento científico y el amor por la naturaleza. Pero este último documental, resulta especialmente sincero, dado que sintetiza el legado del naturalista y su preocupación por la situación a la que nos enfrentamos. La muestra es sentida y bella, sin caer en dramatismos, más allá de esta difícil realidad.

Partiendo de distintos momentos clave en la historia de Attenbourgh, el documental presenta en una primera parte la tremenda pérdida de biodiversidad que nuestros sistemas de producción y consumo han generado a lo largo de los últimos setenta años. La eliminación de hábitats naturales para monocultivos intensivos agrícolas y ganaderos, la caza y la pesca, los cambios en el clima y la acidificación de los océanos son los principales impactos humanos cuya evolución y efectos se pueden apreciar en el film. Vemos, pues, como en pocas generaciones hemos pasado de vivir en un entorno bello, aún con entornos salvajes, rico, biodiverso, que se autorregulaba, a uno degradado, simplificado, pobre, con pocas especies, que pierde la capacidad de regular el clima, y los ciclos naturales.

Llegados al momento presente, Attenbourgh nos da un baño de realidad y, sí, desgraciadamente nos sitúa ni más ni menos que en las puertas de una debacle. Aquí nos cuenta hacia donde nos dirigimos si seguimos por la senda de la deforestación, la explotación de animales y la quema de combustibles fósiles. “La ciencia predice que seremos testigos de lo siguiente”, relata Attenbourgh:

  • 2030: Tendremos una amazonia tan diezmada que no podrá producir suficiente humedad, se degradará y convertirá en una sabana seca, alterando todo el ciclo hidrológico mundial. El ártico se quedará sin hielo en el verano lo que acelerará la emergencia climática, puesto que menos energía del sol será reflejada al espacio por el hielo.
  • 2040: El deshielo del terreno descongelado liberará gas metano que, a su vez, también redundará en un más veloz calentamiento global. Los arrecifes del coral del mundo entero se morirán por la acidificación, la población de peces decaerá drásticamente.
  • 2080: La producción mundial de alimentos entrará en crisis por la pérdida de fertilidad del suelo. Los polinizadores desaparecerán.
  • 2100: La temperatura media mundial se situará en aumentos de 4ºC respecto los niveles preindustriales. Una gran parte de la Tierra se volverá inhabitable y millones de personas se quedarán sin hogar.

En la segunda parte del documental, Attenbourgh defiende que debemos recuperar la biovdiversisdad como vía ineludible para devolver la estabilidad a este planeta. “Debemos resilvestrar el mundo”. Debemos permitir que vuelvan los bosques, y cuanto más salvajes y diversos sean, más efectivos resultarán para regular el clima y proveer otros servicios ecosistémicos, detalla el naturalista. Algo que puede suceder en pocas décadas, tal y cómo se ha experimentado en Costa Rica, país que ha optado por conservar su biodiversidad en vez de diezmarla.

La propuesta de Attenbourgh para conseguir disminuir nuestros impactos recorre distintos puntos, que van desde limitar la población mundial a través de una mayor educación, hasta velar por calidad de vida de forma sostenible. También explica por qué deberíamos ir hacia una dieta basada en plantas como forma efectiva de reducir áreas de cultivo y permitir, así, que las áreas salvajes se recuperen. “Los carnívoros grandes escasean en la naturaleza, porqué hacen falta muchas presas para mantener a cada individuo”. Es decir, que cada vez que decidimos comer una pieza de carne estamos demandando una gran cantidad de espacio y agua para producir el alimento que necesitará ese animal.

Sin embargo, el documental también toca otros temas de forma poco profunda. Es el caso de transición hacia las energías renovables, cuyo impacto sobre el consumo de materiales, sobre los ecosistemas y la sociedad por parte de la minería es un factor a tener en cuenta. En este sentido, si bien las renovables son una pieza del complejo puzle de la sostenibilidad, hay que destacar que el elemento más relevante es el decrecimiento, tanto a nivel de consumo energético como material. Tampoco parece muy sostenible exportar electricidad desde Marruecos hacia el norte, tal y como plantea la muestra, por todo el impacto que supondría la infraestructura de transporte.

De forma similar, el film defiende la producción de cultivos hidropónicos en invernaderos, que sin embargo requieren una transformación total del territorio y no resultan accesibles para aves y otros animales, pero en cambio no desarrolla el rol esencial de avanzar hacia la agricultura ecológica como alternativa al modelo intensivo actual, para desligarnos del consumo de productos químicos nocivos para el medio y la salud.

En cualquier caso, el documental en su conjunto es sumamente interesante e ilustra a la perfección la situación crítica en qué nos encontramos. Los caminos para salir de esta encrucijada pueden ser diversos, pero en cualquier caso deberán incorporar como eje esencial la recuperación de la biodiversidad. Y es que, tal y como cuenta Attenbourgh, “una especie sólo puede prosperar cuando prospera todo el ecosistema a su alrededor”.

Clara Montaner Augé. Ambientóloga – 4 de octubre de 2020